CÓMO SEMBRAR PETRÓLEO
PARA
UN MUNDO MÁS JUSTO.
CINCO REFLEXIONES
“Salve fecunda zona
que al sol enamorado
circunscribes”
Andrés Bello
1781-1865
De “La agricultura de la zona tórrida”
“Con la radiación solar que recibe
el 0,3 % de la extensión de los desiertos
del Sáhara y el Medio Oriente es posible
dar energía eléctrica a toda Europa”
Arnulf Jaeger-Walden
“El petróleo es un arma de destrucción masiva: es el que da el dinero para montar las mayores atrocidades (….) el mundo depende de un modelo de vida que da miles de millones de dólares a dictaduras atroces que los utilizan para esclavizar a sus pueblos y fomentar el terrorismo. Esto se acabará el día en que el petróleo no sea la clave económica del mundo.”
Pilar Rahola i Martinez
Periodista catalana del diario La Vanguardia
INTRODUCCIÓN
Hace veinte años que con aquel sorpresivo estre-mecimiento social del llamado “caracazo”, el 27 de febrero de 1989, Venezuela fue advertida de que algo andaba mal en su desempeño como país. El caos en que se estuvo sumergido durante esa larga semana fue una advertencia grave aún cuando no suficientemente comprendida por todos: la República y su régimen de partidos, que acompañó y legitimó la actuación política de la clase media[1]nacida en los años treinta con la economía petrolera e instalada en el poder luego de la muerte de Gómez bajo la conducción de la primera generación de sus líderes, Betancourt a la cabeza, daba señales inequívocas de agotamiento.
Tras 50 años de protagonismo, en efecto, brillante debut con el que consiguió transformar un miserable país rural en una pujante sociedad urbana y democrática, redistribuyendo con notable éxito el ingreso petrolero para incorporar a la ciudadanía buena parte de las mayorías secularmente preteridas, el desempeño histórico de esa nuestra clase media, fue sin embargo penalizado desde sus inicios por una contradicción que abrió finalmente la brecha a la involución autoritaria que hoy sufrimos: mientras la dirigencia política de los primeros años había obtenido aquellos rutilantes éxitos, la debilidad ética que fue afectándola como resultado de que la riqueza distribuida no era producto del sacrifico tributario de quienes más ganaban, sino del reparto de una renta percibida comúnmente como providencial – como decir que no tenía dolientes – generó prematuramente en el estamento político, a pesar de las graves admoniciones de esclarecidos dirigentes, como Arturo Uslar Pietri o Juan Pablo Pérez Alfonso, una tendencia excepcional a la corrupción que fue comprometiendo progre-sivamente la eficacia la gestión de gobierno, y, con ella, toda la moral pública.
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